verónica sajbin velásquez1

Guatemala tiene una población de 17.6 millones de habitantes, de los cuales 7.7 millones2 (43.7 por ciento) pertenecen a los pueblos Mayas (Achi’, Akateco, Awakateco, Chalchiteco, Ch’orti’, Chuj, Itza’, Ixil, Jacalteco, Kaqchikel, K’iche’, Mam, Mopan, Poqomam, Poqomchi’, Q’anjob’al, Q’eqchi’, Sakapulteco, Sipakapense, Tektiteko, Tz’utujil y Uspanteko), Garífuna, Xinka y Creole o afrodescendiente. Las mujeres del Pueblo Maya constituyen una población de aproximadamente 3.8 millones.

Lo anterior no ha sido siempre así, estudios demuestran que en años anteriores la población indígena en este país tuvo mayores proporciones. Factores como el exterminio y genocidio, la negación debida al racismo, la migración como respuesta a la exclusión social y económica han tenido como resultado una reducción significativa de la población que se identifica como perteneciente a los pueblos originarios. 

En este artículo trataré de mostrar algunas contribuciones importantes que las mujeres mayas, desde distintos espacios, conocimientos y saberes, han hecho a este territorio. Mujeres que, como bien lo cuenta la otra historia, no la oficial, sino aquella que ha sido escrita y recogida por varias autoras como las que se mencionan en este escrito y algunos autores3, han sido ejemplo de luchas y resistencias y signo de esperanza por otro mundo posible. Por lo que advierto a quienes leen, que este artículo será una recopilación de lo investigado por otras autoras, seguramente en algunos párrafos encontrarán algunos argumentos propios, pero serán los menos. Sea pues esta una guía para la búsqueda y profundización sobre los aportes de las mujeres mayas.

Considero importante recuperar el rol de las mujeres desde el Popol Vuh. Mencionaré a Ixmucané, quien, ante la muerte de Ixpiyacoc, refuerza su poder y se coloca “en la tierra” en calidad de matriarca. Ixmucané ocupa lugares centrales en la primera parte de la narrativa del libro, que se refiere a la creación, y en la tercera cuando se narra el cuarto y último intento de crear al ser humano y surge “la gente de maíz”. Esta gente de maíz simboliza lo concreto que hace perdurar la vida; está influido de juicios e insensateces y por lo tanto es susceptible a adquirir poder, lo que en la historia de Ixmucané le afectará significativamente, tal y como lo expresa Dora Luz Cobián en “El papel de la mujer en la historia maya-quiché, según el Popol Vuh”.4

Siguiendo con esta misma autora, en el Popol Vuh se menciona a cuatro personajes femeninos vistos como deidades que viven en la tierra. Representan tres etapas dentro de dos generaciones de mujeres en la sociedad maya-k’iche, ellas son: Ixbaquiyalo y Chimaltat, que están dentro de la primera etapa, Ixquic se ubica en una segunda etapa, e Ixbalanque cierra la tercera etapa. La doctora Aura Cumes, en su escrito “Mujeres Mayas de ayer, de hoy y de siempre”5, menciona a otras cuatro mujeres, como nuestras primeras ancestras formadas por Ixmucané, estas son Kaqpaloja’, Chojija’, Tz’ununija’ y Kak’ixaja’. Dice la doctora Cumes que estas ancestras, símbolos del corazón de los ríos, de los mares, de los lagos, de las lluvias, de las cascadas, de los arroyos, han recorrido y danzado con el curso de la vida, sobreviviendo a la violencia, a la avaricia y a la miseria de quienes quieren apresarlas, estancarlas y envenenarlas.6 Cobián, por su parte, explica que tanto la historia de Ixbaquiyalo como la de Chimalmat tienen que ver con su función de madres y esposas. Por otro lado, la trayectoria de Ixquic va más allá y resulta bastante interesante. Ella no es divinidad del cielo sino de Xibalba’, es decir del inframundo. Ella es una princesa de personalidad muy independiente que se niega a obedecer las órdenes dadas por los “Señores de Xibalba”. Y en complicidad con Ixmukane, como lo dice la doctora Cumes, hacen de la vida y de la muerte partes de un todo. O como afirma Cobián, con esta alianza accidental dan pie al Sol y la Luna que juntos representan no sólo el día y la noche sino también el calor y el agua que ayudan a la germinación o, por tanto, a la vida misma.

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Los anteriores son sólo algunos ejemplos que se exponen en el Popol Vuh sobre el rol de las mujeres y, como vemos, no siempre se circunscriben a ser madres y esposas. Desde la época prehispánica hasta la actualidad, la resistencia de las mujeres ha sido una constante. En el marco de la barbarie contra los pueblos originarios y en particular contra las mujeres durante el proceso “colonizador”, muchas de ellas fueron apresadas y torturadas en nombre de la inquisición, acusadas de hechiceras o brujas, convirtiendo sus cuerpos físicos en tema central de disputas de poder entre los individuos y el Estado colonial y entre los miembros de la comunidad en conflictos intracomunitarios, tal y como lo expresa Martha Few.7

Francisca Ixquiactap

Rodolfo González8, citando a Anna Carla Ericastilla, cuenta que, en el año 1813, los habitantes de Nahualá se manifestaron contra el gobernador indígena y algunos de los principales de Santa Catarina Ixtahuacán. Las acciones dan cuenta de la participación tanto de hombres como de mujeres en esta manifestación, los hombres con palos, piedras y machetes y las mujeres con brasas, agua caliente, ceniza y tierra que tiraban con fuerza y temeridad contra la cara del comisionado, rompiéndole su bastón y despojándolo del sable con que se defendía. Como consecuencia de lo anterior, las personas de Nahualá fueron encarceladas y algunas de ellas fueron llevadas a la prisión de Sololá.

Sobresale en este movimiento, encabezándolo, Francisca Ixquiactap, líder k’iche’ que manifestó haber tenido en diversas ocasiones conflictos con los “Justicias del pueblo” porque se embriagaban, interponiéndose ella entre estos mismos y a quienes castigaban. Cuenta este mismo autor que la población se levantó en contra del alcalde Nicolás Xquen y que fue la misma Francisca quien lo hirió personalmente, debido a que éste la golpeó con su bastón haciéndola sangrar. Testigos dijeron que ella “le pegó con el mismo, le abofeteó y latigueó con el cuero de castigo”. Fue llevada a la cárcel junto con su esposo, sin embargo, la noche de ese mismo día escapó, tenía cuarenta años y estaba en proceso de gestación.

En la muy resumida historia anterior, se evidencia que Francisca Ixquiactap era una líder popular que realizó acciones de resistencia frente a las autoridades locales, como la liberación de presos. González concluye que a Francisca la ubican entre los estratos altos de la sociedad de Santa Catarina Ixtahuacán, y que su influencia era grande, tanto entre la población de Santa Catarina como de Nahualá.

Ejemplos como Francisca se pueden extraer de la historia de las luchas y resistencias de los pueblos indígenas en este país. La doctora Cumes hace un ejercicio de ello en el escrito “Mujeres Mayas de ayer, de hoy y de siempre”, mencionado anteriormente.9

Mujeres mayas organizadas

En el siglo XX, específicamente durante los 36 años de guerra provocada por el Estado de Guatemala contra la población indígena, y durante la posguerra se dio una dinámica política intensa por parte de las mujeres mayas, relacionada con la lucha por la garantía de los derechos humanos. En esa línea nace, entre otras más, la Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA) quienes se definen como una organización de mujeres con un posicionamiento político e histórico, que se originó a partir de 1985, año en el cual se inicia el trabajo con grupos de mujeres viudas mayas de diferentes comunidades de Totonicapán, Chimaltenango y el Quiché.

El trabajo de CONAVIGUA10 nace con el propósito de denunciar y exigir justicia contra la exclusión, discriminación, la pobreza, la desmilitarización y las constantes violaciones a los Derechos Humanos, principalmente de las mujeres en su condición de viudas y huérfanas, producto del conflicto armado interno y del genocidio cometido por el Estado de Guatemala en la década de los ochenta, mediante el asesinato y desaparición de cientos de esposos, hijos, padres y otros familiares.11

El sentido de justicia ha sido una característica de los grupos conformados por mujeres mayas o en su individualidad. CONAVIGUA planteaba en los años noventa, al respecto:12

Tenemos elementos para pedir enjuiciamiento. más que eso no, no, porque si nosotros pidiéramos venganza, porque si les pagáramos con la misma moneda, ya que tiempo lo hubiéramos hecho.

Pero nosotros siempre hemos sido gente pacífica, gente que ama la vida y no podemos hacerles lo mismo, porque tienen hijos, tienen esposa, tiene un hogar,

y nosotros hemos sentido el sufrimiento cuando se pierde a un ser querido. tenemos leyes en Guatemala, por lo menos lo que hemos pedido es la ley pues, hacer justicia.

O como lo expresaba Rigoberta Menchú, mujer maya k’iche’ galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1992: “Nosotros no sabemos lo que es el odio. Pero no queremos olvidar los crímenes que hemos sufrido, porque sería legitimar esa inhumanidad, y eso ya no puede volver a suceder”. Sabias consideraciones para una efectiva construcción de una sociedad sana que busca, desde ese entonces, el Buen Vivir para todas y todos.

Como menciona la investigadora Manuela Camus13, la equidad de género fue otro elemento que, en el marco del proceso de la paz, se fue incorporando en el sistema organizativo de los pueblos mayas. En ese sentido, surgieron iniciativas como la Comisión de la Mujer de COPMAGUA, la Coordinadora de Mujeres Desarraigadas de la Asamblea Consultiva de las Poblaciones Desarraigadas (ACPD), o incluso, instituciones estales como la Defensoría de la Mujer Indígena (DEMI). Además de procesos que legitimaban las demandas de las mujeres campesinas al acceso y propiedad de la tierra. Todas estas iniciativas fueron impulsadas por mujeres mayas de los diversos pueblos que coexisten en Iximulew.

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Otras organizaciones conformadas por mujeres mayas durante ese período fueron Ixmucané, Madre Tierra y Mamá Maquín, esta última llegó a contar con nueve mil integrantes, según Camus.14 Estas organizaciones de mujeres jugaron un papel clave en el proceso de retorno, aunque su participación es poco reconocida por muchos hombres dirigentes y su papel en el pasado profundamente desestimado, como lo indica esa misma autora, incluso amenazándolas con expulsarlas de su comunidad y violarlas si continuaban con sus exigencias y demandas.

Y así fueron surgiendo organizaciones de mujeres promovidas por mujeres mayas, algunas separándose de su organización original, como el caso de la organización Adelina Caal en Nueva Libertad, Alta Verapaz, que surge a finales de los noventa como una escisión de Mama Maquín, tal y como afirma Camus.

Siglo XXI

Acercándonos más a nuestra época presente, encontramos a escritoras mayas que van reflexionando sobre la cultura maya y tomando una postura política de cara a la comprensión del papel de las mujeres dentro de la cosmovisión maya, así, por ejemplo, posturas como las de las profesionales Juana Batzibal o Blanca Estela Colop Alvarado, quienes han aportado a la reflexión y construcción del pensamiento desde las mujeres de los pueblos originarios. Así también, encontramos a otras escritoras como Adela Delgado Pop15; María Luisa Curruchich Gómez16, Virginia Ajxup Pelicó17, Lucía Willis Paau18, Emma Delfina Chirix García19, Irma Otzoy20, entre otras muchas, que con sus elaboraciones teóricas han contribuido a la construcción del pensamiento de las mujeres desde su identidad de mujeres mayas. Y más recientemente las contribuciones de las académicas Aura Cumes21, María Jacinta Xon22, Irma Alicia Velásquez Nimatuj23, entre otras.

Otro espacio organizativo, desde donde las mujeres mayas han contribuido, ha sido MOLOJ, que surge bajo la propuesta de construir nuevas formas de hacer política conforme los valores y principios de la cosmovisión-sabiduría maya, ahí se puede mencionar a María Canil, Otilia Lux, Rosalina Tuyuc, Rigoberta Menchú, Juana Vásquez, Feliciana Mendoza, Francisca Gómez, Isabel Cipriano, entre otras.24

De igual manera el Grupo de Mujeres Mayas Kaqla, que surge a partir de un curso catalizador que organizó FLACSO Guatemala sobre género y etnicidad. Desde ese espacio contribuyen a poner sobre la mesa la clase, el género y la etnia y cómo éstos atraviesan los cuerpos y los territorios de las mujeres indígenas; ahí encontramos a Francisca Álvarez, Carmen Álvarez, Sara Álvarez, Hermelinda Magzul, Emma Chirix García, Dorotea Gómez, Adela Ajquijay, entre otras muchas, incluyéndome. Ambas organizaciones se mantienen vigentes hasta la actualidad.

No quiero dejar de reconocer otras contribuciones de mujeres mayas desde organizaciones como la Asociación Mujer Tejedoras del Desarrollo en Quetzaltenango y Tzununija. La primera, promueve la formación, capacitación, organización y participación de las mujeres indígenas desde una perspectiva de género. La segunda, promueve el empoderamiento de las mujeres rurales y el acceso a la justicia.

Otras muchas mujeres mayas han participado en los partidos políticos para un cargo de elección popular, destacando a Manuela Alvarado, Lolita Chávez, Rosalina Tuyuc, Vicenta Jerónimo, entre otras. Un estudio realizado por Cecilia Mérida25 daba cuenta de mujeres mayas candidatas a alcaldesas durante los años 1985-1999, mencionando a: Francisca Trinidad Tum Tambriz, Emiliana Sancoy Mendoza, Marina Chavajay, Ilse Floricelda Moram Lem, Leonor Caal Cuc, Marta Elena Macz Pacay, Crescencia Ixpata Cahuec. Otras ocupando cargos como funcionarias públicas dentro del aparato institucional del Estado, como Otilia Lux de Cotí, ex ministra de Cultura y Deportes o más recientemente Aura Leticia Teleguario Sincal, ex ministra de Trabajo.

Mención especial haré sobre la participación de las “reinas indígenas” en la reivindicación de la identidad. Tomando de referencia un texto escrito por la socióloga maya Saríah Acevedo26, donde da cuenta que días después de la masacre perpetrada por el ejército en Panzós, Alta Verapaz27, una de las candidatas a reina q’eqchi’ fue descalificada tras solicitar un minuto de silencio por las víctimas. Esta valiente mujer fue Fidelina Tux, quien denunció la masacre. Fidelina además del minuto de silencio se negó a bailar el son como muestra de duelo por lo sucedido. Estas dos acciones de resistencia causaron su descalificación del certamen28.

El 30 de julio del mismo año se llevaría a cabo la elección y varias representantes de diferentes municipios y departamentos de- cidieron boicotear el evento, pues era organizado por el General Benedicto Lucas García. En vez de acudir al evento de Rabin Ajaw las reinas de Quetzaltenango, Cantel, LaEsperanza Quetzaltenango, Chichicastenango, San Sebastián Retalhuleu, San Pedro Soloma Huehuetenango, Nahualá, y Santiago Atitlán viajaron a la ciudad de Guatemala para protestar en contra de la violación a sus derechos.29

Varias acciones reivindicativas de la identidad originaron sendos cambios, como en el nombre de Reina Indígena de Xelajú por Umial Tinamit Re Xelajuj No’j (Hija del pueblo de Xelajuj Noj, en idioma k’iche’). Además, se tansformó el proceso de coronación por la investidura, también el cetro, la capa tipo occidental y la corona por los elementos de carácter prehispánico Nim Pot, Chachal e X’cap (huipil, collar y cinta ceremoniales). Así mismo, al momento de la investidura les es entregado un ejemplar del libro sagrado K’iche’, Pop Wuj de Adrián Inés Chávez.30

Otra participante en dicho evento fue Hilda Clemencia Chen González originaria de Rabinal, Baja Verapaz, quien a pocos años de cometidas las masacres en ese municipio, fue coronada Rabin Ajau (1987-1988) y es quien concretó el primer discurso íntegramente mayanista. En la elección de 2001, la Rabín Ajau saliente, Mercedes Adelina García Marroquín, denunció al comité organizador por haber convertido el evento en una empresa lucrativa, folclorizando la civilización maya y utilizando la imagen de las participantes para su beneficio económico y político. A esta denuncia se sumaron otras ex Rabín Ajau y la misma electa ese año, Manuela Pol Algua, quien no aceptó el cargo. El comité organizador, al finalizar el acto, entregó el cetro y la corona a la Policía Nacional Civil, luego de que Adelina García hiciera los señalamientos durante el acto de elección, tal y como lo narra Acevedo.31

La participación reivindicativa identitaria en esos espacios ha llegado hasta nuestros días, con la reciente participación de Edna Figueroa Cuc en el certamen Señorita Indígena de Abya Yala 2023, donde representó a Guatemala. Edna le apuesta a la educación bilingüe, ya que considera que “los idiomas originarios son parte fundamental de la riqueza cultural de nuestro país, por ende, es necesaria la conservación y divulgación de los idiomas mayas, ya que son un instrumento para compartir saberes ancestrales, principios y valores de la cosmovisión maya”, como ella misma lo ha expresado en distintas ocasiones.32

Esta es sólo una pequeña fotografía de las contribuciones de las mujeres mayas en la construcción de este territorio, quedan pendientes futuros y más extensos artículos sobre muchas, muchas mujeres mayas que, en la actualidad, están luchando en defensa de la Madre Tierra, los territorios y conocimientos y saberes, ante los modelos extractivistas y depredadores, como las mujeres kaqchikeles organizadas en la Asociación Grupo Integral de Mujeres Sanjuaneras (AGIMS) en San Juan Sacatepéquez, en la Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepéquez (AFEDES) en Santiago Sacatepéquez; el Consejo Nacional de Comadronas, el Movimiento Nacional de Tejedoras, entre otras.

También las encontramos apostando fuertemente por vidas libres de violencia, como las compañeras que integran la Asociación de Mujeres Luqueñas para el Desarrollo Integral (AMLUDI) en San Lucas Tolimán, el Consorcio de Asociaciones del municipio de Santiago Atitlán, la Red Departamental de Mujeres Sololatecas con Visión Integral (REDMUSOVI) en el departamento de Sololá, entre otras muchas a nivel nacional. Estás organizaciones se han preocupado por el fortalecimiento de la atención integral a las víctimas/sobrevivientes de violencia machista y otras violencias.

Otras más que requerirían muchas páginas son las mujeres mayas que escriben y se expresan a través de los medios de comunicación, las artistas, las empresarias, las que están en los cargos diplomáticos o en espacios de incidencia a nivel internacional, las servidoras públicas, tanto en instancias nacionales como de la cooperación internacional.

Menciono especialmente a nuestras madres, abuelas o tías quienes con su ejemplo y sabiduría nos han construido y que su mera mención no cabría dentro de estas tres mil palabras que tengo para escribir sobre el movimiento de mujeres mayas en Iximulew. Valga ésta como una muestra nada más de toda la fuerza que tenemos y de todos los cambios que provocamos en todos los espacios donde estamos presentes, por las que fueron, por las que son y seguramente por las muchas que serán. 

 

#MemoriasEHistorias

 

  1. La autora escribe su nombre en minúsculas.
  2. Con base en proyección para 2023, INE-CELADE.
  3. Como Julio Pinto, Edgar Ruano, Edgar Esquit, entre otros.
  4. En Cobián, D. L. (1995). “El papel de la mujer en la historia maya-quiché, según el Popol Vuh”, Revista Chilena de Literatura, 47, 71–89.
  5. En: Tujal.org Consultada durante el mes de junio de 2023.
  6. En: Tujal.org Consultada durante el mes de junio de 2023.
  7. Martha Few, “’No es palabra de Dios’: acusaciones de enfermedad y las políticas culturales de poder en la Guatemala colonial, 1650-1720”.7 En revista Mesoamérica 38 (Diciembre de 1999), págs. 33-54.
  8. En: “Imperiosos y rebeldes. Conflictos sociales en los Altos de Guatemala en los primeros años del siglo XIX”, Revista Kin Kaban, No. 3 (ene-junio 2013), pp. 17-24.
  9. En: Tujal.org consultada durante el mes de junio de 2023.
  10. En la primera quincena del mes de septiembre de 1988 celebró su primer Asamblea Nacional Ordinaria con participación de mujeres de dichos departamentos, constituyéndose legalmente como Coordinadora Nacional de Viudas de Guatemala (CONAVIGUA). Según su naturaleza, CONAVIGUA fue conformada por mujeres mayas, en su mayoría viudas, derivado del genocidio que se vivió en Guatemala. Su reconocimiento legal es de asociación de carácter civil. Se caracteriza por promover el pleno goce de los derechos individuales y colectivos de las mujeres mayas y de los Pueblos Indígenas en Guatemala.
  11. Tomado de: Conavigua Consultada durante el mes de junio de 2023.
  12. Manuela Camús y Santiago Bastos, Quebrando el silencio. Organizaciones del Pueblo Maya y sus demandas (1986-1992). FLACSO, Guatemala, 1993, p.216
  13. Manuela Camus, “Mujeres y mayas: sus distintas expresiones” Indiana [en línea]. 2001, (17-18), 31-56 Consulta 27 de junio de 2023. Disponible en: Redalyc.org
  14. Citando a Cabarrús, Carolina, et.al. .Y nos saltamos las trancas. Los cambios en la vida de las mujeres refugiadas retornadas guatemaltecas. Consejería de Proyectos, Guatemala, 2001.
  15. Mujer del Pueblo Q’eqchi’. Licenciada en Trabajo Social con maestría en Formulación, Gerencia y Evaluación de Proyectos de Desarrollo.
  16. Mujer del Pueblo Kaqchikel. Autodidacta, con experiencia y conocimientos de la Cosmovisión Maya.
  17. Mujer del Pueblo K’iche’. Ajq’ij del pueblo maya.
  18. Mujer del Pueblo Q’eqchi’. Trabajadora Social.
  19. Mujer del Pueblo Kaqchikel. Doctora en Ciencias Sociales.
  20. Mujer del Pueblo kaqchikel. Odontóloga, M.A. en Antropología y Ph. D en Antropología.
  21. Mujer del Pueblo kaqchikel. Ph. D en Ciencias Sociales.
  22. Mujer del Pueblo K’iche’ Antropóloga e historiadora (M.A).
  23. Mujer del Pueblo K’iche’. Periodista y Ph. D. en Antropología.
  24. Camus, op.cit.
  25. Mérida, Alba C. Mujeres y gobiernos municipales en Guatemala. Relaciones de género y poder en las corporaciones municipales 2000- 2004. Ediciones del Pensativo, Guatemala, marzo de 2005.
  26. “Resistencia de las mujeres indígenas”, en Nosotras, las de la historia. Mujeres en Guatemala (siglos XIX-XXI), Ediciones La Cuerda, Guatemala 2011
  27. La masacre de Panzós fue perpetrada por el ejército de Guatemala. Este usó fuego de ametralladoras contra grupos de población maya Q’eqchi que manifestaban en contra de los abusos de las empresas transnacionales y terratenientes locales que operaban en la región de Alta Verapaz e Izabal, región conocida como el valle del Polochic. La masacre ocurrió el 29 de mayo de 1978, durante el gobierno de Kjell Laugerud García (1974-1978). Según el informe de la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) murieron en la plaza y en su intento de huir, al menos 54 personas, entre hombres, mujeres y niñez, y más de cuarenta heridos. Entre las personas asesinadas, estaba Adelina Caal, conocida como “Mamá Maquin”. Se produjo luego de que una masiva manifestación de campesinos y campesinas del valle del Polochic convocada en Panzós degenerara en violencia. La mayor parte de los cadáveres fueron enterrados en una fosa común, en un intento de desaparecer las pruebas materiales. Más información en Hemeroteca de Prensa Libre, y en Biblioteca de la Memoria; ambas páginas consultadas en julio de 2023.
  28. “El legado de la Generación del 20 en la Guatemala actual”, Revista Yojtzijon Diálogos. Año 2. No. 2. 2021. Fundación María y Antonio Goubaud Carrera. Consultada en el mes de junio en: Fundación MAG.org
  29. En: Historia de Rabin Ajaw: Las ganadoras de los diferentes departamentos de Guatemala. Consultada en junio del 2023.
  30. No sabemos cuál edición le es entregada, la autora consultó: Chávez, Adrian, Pop Wuj: Libro del tiempo, Primera edición. Cuarta reimpresión, Ediciones Del Sol, Buenos Aires, 2007.
  31. Saríah Acevedo: “Resistencia de las mujeres indígenas”, Texto publicado en el libro Nosotras, las de la historia. Mujeres en Guatemala (siglos XIX-XXI), Ediciones La Cuerda, Guatemala, 2011.
  32. Su proyecto político puede verse por la red virtual Facebook en: Aprendamos Q’eqchi’ con Edna, consultada en junio de 2023.